La toxicidad de las redes y la mensajería instantánea

Ustedes son muy chicos y quizás ni se acuerden que hace 15 años (cuando “no habíamos nacido”) no existía ni YouTube, ni Facebook, ni Gtalk (hoy remplazado porHangouts que es lo mismo con otro nombre), ni WhatsApp, ni Twitter, ni Instagram, ni Pinterest, ni Snapchat, ni Tinder… no, Tinder no.

Y si bien llegaron para hacernos un bien (o eso nos dijeron) y para acercarnos y acortar distancias en muchos casos, por ahí cumplen una función diametralmente opuesta. Y como dirá tu médico amigo, “todo en exceso es malo”.

Bien lo muestra Black Mirror (alerta spoilers) en un par de temporadas, como en el capítulo de la tercera temporada en que si no estabas con una sonrisa perdías puntos (Nosedive) y eso te afectada en la vida real, y como en la última que se estrenó hace poquito, en el capítulo Smithereens que un sujeto toma de rehén a un empleado de una red social ficticia (una mezcla de Twitter con Facebook) sólo para hablar con el dueño y confesarle que su novia había muerto en un accidente porque él estaba mirando esa red social (no lo habían culpado directamente porque el otro conductor estaba borracho y él no se había salido de su carril, pero igualmente la culpa lo carcomía).

Y tal cual: a veces estas redes en lugar de hacernos un bien nos hacen un mal, nos distancian, generan peleas insólitas por defender indefendibles y te alejan de la realidad. A veces te “espían” demasiado y no te dejan ni respirar con un bombardeo permanente de publicidad innecesaria.

Instagram se ha vuelto un mundo de plástico e irreal; Facebook un lugar de gatitos y perritos, saludos de cumpleaños, frases de autoayuda que ni los que las publican las cumplen y discusiones políticas sin sentido con fakes dando vueltas por doquier; y Twitter un lugar lleno de haters y militontos de todos los colores políticos habidos y por haber, y militontos de todos los clubes de fútbol (aunque hay dos que se han vuelto insoportables y se llevan todas las “estrellas”)… y por ahí esta última red social conserva lo más divertido que tuvo en sus inicios: sarcasmo, ironía, memes y conversaciones tan delirantes que ameritan un rato largo rato de comer pochoclo (o pororó, como más te guste decirle) a lo Michael Jackson.

En Pinterest te dicen cómo hacer las cosas en uno o 2 minutos (y a veces funcionan tras horas de arduo trabajo pero en otras te vas a sentir Homero Simpson con su parrilla).  

Hasta llegar a WhatsApp. Es lo más tóxico de los últimos tiempos. Interminables mensajes, discusiones por aquí y por allá, y los típicos grupos que antes eran “pasables” hoy todos se han transformado en el “grupo de mamis de salita de…”.

Como en la vida, tenés esos personajes divinos que te escriben a cualquier hora y te mandan cataratas de mensajes para hacerte una pregunta que con un mensaje se resolvía (y sí, todos hemos cometido errores en este aspecto y no nos enteramos rápidamente que con “enter” ponías un punto aparte y no mandabas el mensaje); o el personaje que te escriben 10 mensajes porque quieren que le contestés ya (y si era tan urgente, ¿por qué no llama? Porque, claro, no era urgente); el típico “porno adicto” que manda 80 fotos y videos en el grupo de papis y mamis del colegio y se equivoca y pide perdón pero no los borra (este es típico de todos los grupos donde hay hombres más que nada); el del trabajo que escribe 10 mensajes a las 2 AM para recordarte algo que ya habías hablado y que tranquilamente podrías hablar al día siguiente cara a cara, que el mundo no se va a acabar, el del fútbol que cuando se lanza la convocatoria tenés un 11 contra 11 con suplentes y cuando llega el día del partido tenés que llevar a tu perro al arco para ser 5 contra 5; los que te mandan un audio de 10 minutos o 10 audios de un minuto cuando, en serio, si era para tanto llamá por teléfono, si como nadie habla y dependiendo de la compañía, quizás te salga gratis; los que se paran para escribir o mandan audios al volante que son quizás los más peligrosos (se paran en cualquier lado, de cualquier forma y hacen malabares para mandar audios manejando)… estos son los peores… y así la lista podría seguir y cerrarse con que si te “distraés” media horita te clavan 389 mensajes en uno o dos grupos. Y no vaya a ser que tengas un TOC con no tener notificaciones porque ahí estás en el horno.

Ni hablar de los que te escriben por messenger de Face, por Insta, por WA, un DM en Twitter, Slack y por poco te mandan un mensaje de texto y le escriben a tu vieja. Y encima eso, vamos mutando de un lugar a otro cuando el gran problema es que no leemos… o dejamos de leer en una de estas herramientas, pasamos a la otra y así hasta el infinito y más allá, pero eso es otra historia.

Y por supuesto que hay aspectos positivos porque hemos reducido tiempos en muchas cosas pero todo tiene un límite. Y lo hemos excedido.

Porque todo esto nos está empezando a dejar secuelas físicas, y nos ha llevado a dejar de juntarnos en la vida real, ya no disfrutamos de un café, de una charla amena o un debate mirándonos a los ojos. Hoy es todo “te lo mandé al WhatsApp, ¿no lo viste?”, peleas insólitas defendiendo y adorando a tipos que cobran millones (políticos, futbolistas, lo que sea) y abandono de grupos por esta razón. Levantemos la vista, seamos menos zombies y disfrutemos de la vida que está allá afuera y nos pide a gritos que le “clavemos el visto”.

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